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miércoles, 28 de enero de 2009

EL POETA QUE APRENDIÓ.

Esta historia trata de un poeta que tal como claramente lo dice el título… lloraba.
Cuando el sol asomaba en la ventana de su cuarto, y sus ojos ya se abrían, el lloraba.
Durante el día cuando estaba haciendo una cosa u otra el lloraba, pero también cuando no hacía nada.
Cuando en la noche iba a dormir, su cara no lavaba, sus lágrimas no secaba, porque durmiendo él también lloraba.
La gente pensaba que él era un fracasado de la vida, nada más que llorar hacía bien.
Algunos pensaban que quizás era victima de alguna maldición. “Pobre hombre” decían.
Otros bromeaban diciendo que: “si le pagaran por llorar sería multimillonario”.
Estaban también los que se preguntaban ¿Por qué lloraría? Y por supuesto los que sin preguntarse eso, pensaban en ¿Por qué no se mataba de una vez? Así dejaría de sufrir.
Qué tan cruel había sido el pasado de este hombre, nadie sabía. No había persona alguna que lo conociese.
Que tan pesado era su presente. Era solo una pregunta más.
¿Podría ser un hombre el hijo de la desgracia?
Un día al amanecer, el poeta que lloraba, caminaba por la playa con la única amiga que el Sol le obsequiaba.
Al cruzarse con tres jóvenes intrépidos, estos murmuraron entre ellos: “Pobre infeliz. No vale nada”
Al escuchar esto, el poeta que lloraba, alzó su vista hacia los chicos y duplicó su llanto.
“Mátate desgraciado” dice uno de los jóvenes, a lo que otro agrega “No sabes hacer nada más que llora”
- Tienes razón mente confusa. Yo no se hacer nada más que llorar. Porque esto es lo única que el mundo me ha enseñado. Es lo única a lo que este me motiva.
Solo lágrimas de mis ojos caen hoy. Lagrimas que expresan la pena que me da en nuestros días la humanidad.
Y mientras yo lloro… ustedes sonríen ignorando el destino que les espera.
Habiendo dicho esto el poeta sintió que alguien lo sujetaba por la mano. Al girar su cabeza a un lado, vio allí un niño que con tierna mirada en sus ojos clavaba y que con vos voz dulce pronunció:
+ Has estado mucho tiempo solo, llorando y llorando y solo te lamentas como si nada más hubiera por hacer. Camina de mi mano. Conversemos; hay mucho que de ti yo puedo aprender…
No se supo jamás lo que pasó con aquel poeta.
La última vez que lo vieron fue caminando por la playa con aquel niño.
Teorías sobre que pasó con él, hay muchas. Certeras ninguna.
Pero lo que si es cierto es que jamás él volvió a llorar.

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